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Lo que no sabías sobre... Alan Ladd



Alan Ladd fue uno de los actores de la etapa dorada de Hollywood que, a pesar de su reducida estatura, llegó a convertirse en una auténtica estrella de dimensiones estratosféricas. Pocos personajes como el de Shane en Raíces profundas (Shane, 1953, George Stevens) calaron tan hondo en una audiencia que incluso, en nuestros días, sigue gritando ¡No te vayas, Shane! No te vayas. El paso del tiempo ha difuminado una leyenda que hoy en día sería mayor de no ser por su prematura desaparición y porque, de algún modo, su vida representa una época que, a pesar de nuestra debilidad por ella, tuvo enormes claroscuros.

La poderosa contraposición de su sobriedad –digámoslo así– de gestos con la fuerza de su voz y su mirada, marcaron su estilo interpretativo. Sus ojos dejaban entrever en sus actuaciones, un fuero interno aplacado, un volcán cuya erupción permanece contenida. El cine negro se benefició enormemente de esta cualidad. Con interpretaciones como la realizada en Contratado para matar (This Gun For Hire, 1942, Frank Tuttle), Ladd definió una serie de personajes que revolucionaron el género y atraparon al público. Su legado en el séptimo arte es incontestable y se extendió a generaciones posteriores que lo plasmaron en sus producciones. Repasaremos, pues, una serie de datos menos conocidos que reflejan esa magia imperceptible de la que gozó Ladd en la pantalla y que le convierten –no me malinterpreten– en un grande del cine.